REPORTAJE
La formación de personas adultas está en pleno proceso de cambio por la aparición de nuevos perfiles de alumnos cuyas necesidades varían a lo largo de la vida. Sin embargo, el sistema actual señalan docentes y expertos, no está preparado para darles respuesta y reclaman estrategias en esta etapa clave para impulsar una sociedad del conocimiento y revertir el abandono escolar.
"Tenemos muy poco margen para adaptarnos a las necesidades reales del alumnado". Lo asegura Joan Padrós, director de la escuela de adultos Palau de Mar de Barcelona, pero es un reclamo común de muchos centros, que piden un cambio de paradigma para ofrecer enseñanzas que respondan a las competencias fundamentales a lo largo de la vida y reducir el índice de abandono escolar prematuro. En Cataluña, es del 14,8%, según datos del Ministerio de Educación publicados a principios de año. Es la primera vez que se sitúa por debajo del 15%, el objetivo que la UE había fijado para España en 2020, pero todavía está lejos del 9% marcado para 2030.
Los centros de formación de personas adultas piden un cambio de paradigma para ofrecer enseñanzas que respondan a las competencias fundamentales a lo largo de la vida.
Un currículum “demasiado rígido” para hacer propuestas y retener al alumnado
En el CFA Palau de Mar los alumnos echan de menos, por ejemplo, más clases de conversación de idiomas o cursos para gestionar aplicaciones como Mi Salud o realizar trámites digitales. Se encuentran en una situación similar en el CFA Barceloneta: “Tenemos mucho contenido de informática, pero está demasiado orientado a las pruebas para tener acceso a los certificados de competencias digitales”, lamenta el jefe de estudios, Lluís Miquel Bennàssar Rosselló.

CFA palau de Mar // Cedida
Creen que una buena solución sería ampliar la cantidad de horas de libre elección dentro del currículo para que cada escuela pudiera definirlas en función de las necesidades de su alumnado y de su entorno. Para ello, según Padrós, "haría falta un cambio de mentalidad de la Administración" que implicaría "dejar de priorizar la visión economicista de devolver estudiantes al sistema educativo para mejorar la competitividad y apostar más por el desarrollo personal". Una visión que también se desprende del Manifiesto para la educación de adultos en el siglo XXI (2017) de la Asociación Europea para la Educación de Adultos.
"Habría que dejar de priorizar la visión economicista de devolver estudiantes al sistema educativo para mejorar la competitividad y apostar más por el desarrollo personal"
Los docentes, además, coinciden en la necesidad de formar parte de la transformación que ya ha llegado a primaria y secundaria, con aprendizajes más competenciales y nuevas metodologías de enseñar y aprender. Por lo que respecta a la formación de adultos, el Departamento de Educación está diseñando un nuevo currículum de las enseñanzas instrumentales, con aportaciones de la comunidad educativa. Sin embargo, los centros sienten que han estado históricamente en la “periferia” de las políticas públicas y se quejan de ser los “últimos” donde se aplican cambios.
"Las escuelas de adultos se configuraron para dar respuesta a las necesidades de la sociedad de finales del siglo XX y ahora es necesario redefinirlas", conviene Isabel Sánchez Guerrero, orientadora y formadora en escuelas de adultos. Especialmente, subraya Padrós, con alumnos que arrastran experiencias de fracaso. "No les podemos dar lo mismo porque ya sabemos el resultado", manifiesta.
Sin embargo, para muchas de estas personas, las escuelas de adultos se convierten en una vía para conectarse con el sistema educativo capaz de abrir nuevas perspectivas de futuro. Lo señala un estudio publicado recientemente, coordinado por Juan Llanes, que analiza las trayectorias de alumnos del Graduado en Educación Secundaria en escuelas de adultos en las que han participado 14 centros de toda Cataluña. "El paso por la escuela supone una ruptura con la dinámica vivida en los institutos y se convierte en un nuevo marco de aprendizaje que permite alcanzar competencias más allá de la titulación", subrayan los autores.
Otro de los problemas relacionados con la rigidez del currículum es que muchas formaciones se ofrecen en determinados momentos del curso. Esto pone trabas a los alumnos que, por circunstancias personales o laborales, deben dejar temporalmente las clases y deben esperarse todo un año para reanudarlas< 0 >. "El alumnado adulto tiene muchas responsabilidades y muchas veces no hay abandonos, sino que su situación personal ha cambiado", apunta Sánchez Guerrero. Según el estudio, tres de cada diez encuestados se han planteado dejar la formación en algún momento.
"El abandono va acompañado de una frustración, pero también de ganas de volver a emprender los estudios", sostienen los autores. Por eso, recomiendan personalizar y flexibilizar las enseñanzas –abriendo espacios del centro a la comunidad, adaptando los horarios, priorizando contenidos del currículum…– para facilitar la vinculación con la escuela y con los propios objetivos de aprendizaje.

CFA palau de Mar // Cedida
En esta línea, el CFA Palau de Mar ofrece una modalidad de autoformación, en la que el alumnado elige cuando prefiere ir al centro a trabajar o hacer consultas, hablándolo con el tutor. "La idea es flexibilizar al máximo sabiendo que el estudiante puede contar contigo si le hace falta", explica la jefa de estudios, Maria Àngels Araujo. Con este sistema han atraído a alumnos de todo el país, muchos con estudios superiores que buscan ampliar o complementar su formación.
Otras escuelas, como el CFA Tarragona o el CFA Dolos Paul de Cunit colaboran con el Institut Obert de Catalunya para que sus estudiantes se puedan matricular a formaciones a distancia con el apoyo del profesorado. Sin embargo, ejemplos como estos considera a Sánchez Guerrero “no son suficientemente atender la demanda” de nuevas oportunidades de formación.
La orientación y la transición entre etapas, clave para no dejar a nadie atrás
El CFA Barceloneta implanta, desde este curso, un plan de orientación en el que se han fijado como objetivos reducir el abandono y el absentismo, mejorar la acogida del alumnado y ofrecer una mejor orientación profesional y académica.
"Hacer de enlace es muy importante porque te permite ver cómo se desarrolla lo que habías propuesto al alumno y te ayuda a tomar decisiones futuras"
Como medidas concretas, han acordado realizar un registro de los casos de abandono, facilitar el seguimiento de las clases con medios virtuales, crear materiales adaptados para los nuevos alumnos, y mejorar la comunicación tanto con los servicios de orientación y de inserción laboral como con los centros educativos donde algunos alumnos continúan formándose a posteriori. "Hacer de enlace es muy importante porque te permite ver cómo se desarrolla lo que habías propuesto al alumno y te ayuda a tomar decisiones futuras", señala Bennàssar Rosselló.
Reforzar los lazos entre etapas educativas es, precisamente, lo que han hecho en el CFA Montseny, en Vic, donde detectaron que algunos exalumnos del Institut La Plana acudían años más tarde por iniciativa propia. A partir de aquí, han empezado a trabajar conjuntamente para identificar posibles estudiantes y continuar su seguimiento una vez se han matriculado en la escuela de adultos.

CFA Montseny // Cedida
Sin embargo, consideran, el desconocimiento todavía es generalizado. "Nos encontramos con situaciones muy frustrantes, porque una mala orientación puede abocar a una persona al fracaso cuando hay caminos exitosos prácticamente para todos", subraya Maje Asins Ramon, coordinadora de las enseñanzas básicas de secundaria en el CFA Montseny.
"Nos encontramos con situaciones muy frustrantes, porque una mala orientación puede abocar a una persona al fracaso cuando hay caminos exitosos prácticamente para todos"
Por eso, en el centro dan mucho peso a la tutoría ya la orientación, con entrevistas, al menos, al inicio de curso y en cada trimestre. "A pesar de que muchos piensan que, como son adultos, no necesitan acompañamiento, cada vez necesitan más que estemos a su lado", explica la directora del centro, Neus Mujal Cortina.
Así lo constatan también los alumnos que han participado en el estudio liderado por Llanes. Afirman que "pueden preguntar continuamente sin miedo a malas respuestas" y que se sienten "agentes activos" de su propio aprendizaje. Estas prácticas, según los autores, "favorecen una formación personalizada que se adapta a lo que cada alumno necesita para fomentar su autorregulación y ser capaz de decidir sobre el qué, el cómo y el cuándo aprender".
En este sentido, el Departamento trabaja en una nueva normativa para poner una figura orientadora en todos los centros oficiales de formación de personas adultas, con la intención de crear un sistema más amplio que también incluya a otros agentes educativos y espacios no formales e informales. De momento, se ha empezado a implantar de forma piloto en el CFA Sant Adrià de Besòs.
Las entidades no formales, sitios de nuevas oportunidades
Pero, ¿qué ocurre con los jóvenes que, por diferentes circunstancias, abandonan el sistema educativo antes de tiempo y con los que se reincorporan más adelante a una escuela de adultos? "Si no hay conexión entre etapas educativas, estamos perdiendo talentos y rompiendo recorridos vitales", concluye Sánchez Guerrero. Y esta conexión, dice, no está suficientemente garantizada cuando se trata de pasar de la educación obligatoria a la red de escuelas de adultos.
"Si no hay conexión entre etapas educativas, estamos perdiendo talentos y rompiendo recorridos vitales"
En algunos casos, las entidades no formales son las únicas que llegan a estas personas y, de forma general, a los colectivos más vulnerables. Uno de los centros referentes es La Troca, que abrió sus puertas en 2018 con el objetivo de formar a personas adultas del barrio de Sants de Barcelona. Hasta entonces, la única opción que tenían los vecinos era desplazarse hasta la Zona Franca, a unos 3 kilómetros.
Ahora ofrecen cerca de 700 plazas y tienen lista de espera. Fatima Haryouli y Oumaima Alkor, originarias de Marruecos, estudian catalán, castellano e informática. El año pasado, mientras daban clase, llevaban a sus hijos al Espai Canalla, pensado para facilitar la conciliación familiar de los alumnos, un 60% de los cuales son mujeres.

Alumnos de La Troca // Cedida
Allí trabaja Latifa Bouzkri, que también es de Marruecos y alumna de la escuela. Cuando vino a vivir a Barcelona, explica que le hubiera gustado tener un espacio como La Troca. "No sólo estudiamos, sino que también conocemos a otras personas con los mismos problemas y las profesoras nos ayudan en todo lo que necesitamos", subraya. Se refiere, por ejemplo, a realizar trámites como matricular a los hijos en la escuela, solicitar becas y ayudas, o hacer la declaración de la renta.
"No sólo estudiamos, sino que también conocemos a otras personas con los mismos problemas y las profesoras nos ayudan en todo lo que necesitamos"
Además, a través de una red de voluntarios, han ampliado su formación con cursos de expresión corporal, costura o inglés, y también colaboran con servicios del barrio como el centro de atención primaria, con los que han impulsado talleres como comida saludable sin cocina, pensada para alumnos que viven en viviendas precarias. También disponen de cursos de alfabetización y neolectura, un tipo de enseñanza que va de baja en los centros oficiales, pero que sigue teniendo demanda.
Cada año tienen más alumnos, y la mayoría de los que comienzan siguen formándose. "La vulnerabilidad hace más difícil adquirir un compromiso y teníamos muy claro que teníamos que ofrecer una formación flexible", explica Adriana Sabaté Muriel, una de las impulsoras. Así, sus cursos están organizados en blogs trimestrales para facilitar las entradas y salidas. "Complica la organización docente, pero es lo que debemos hacer para garantizar el derecho a la educación", asegura.
"La vulnerabilidad hace más difícil adquirir un compromiso y teníamos muy claro que debíamos ofrecer una formación flexible"
Sin embargo, en la práctica buena parte de este trabajo no se ve reconocido porque no pueden expedir títulos oficiales. Para cambiarlo, algunos expertos, como los autores del informe "Nunca es tarde para aprender" de la Fundación Bofill, proponen un sistema de validación de competencias para la vida adulta, tomando como referencia el del Consejo Catalán de Formación Profesional, que permite acreditar competencias con títulos de formación profesional o certificados de profesionalidad. Esto, dicen, permitiría certificar y dar valor a los aprendizajes que se adquieren en entornos no formales como La Troca o la Escuela de Vida de Hospitalet de Llobregat, y brindaría más oportunidades a sus estudiantes.
Los “no alumnos” y el efecto Mateo
En Cataluña, sólo un 10% de la población entre 25 y 64 años participa en la formación a lo largo de la vida, según el Anuario 2020 sobre el estado de la educación en Cataluña de la Fundació Bofill. Es una cifra que se sitúa por debajo de la media española y europea, y dista del objetivo del 15% que Europa se había fijado en ese año. La razón es que esta formación no llega a toda la población que podría estar interesada, ya sea porque no se adapta a sus necesidades o porque la falta de visibilidad hace que no pueda acceder fácilmente.
Las personas que tienen un nivel de estudios más alto son los que más siguen formándose, lo que agrava las desigualdades.
Estas personas se llaman a los “no alumnos”. Un perfil que convive con el llamado efecto Mateu, en lo referente a que los que tienen un nivel de estudios más alto son los que más siguen formándose, lo que agrava las desigualdades.
Uno de los motivos por los que cuesta detectarlos, asegura Araujo, es por desconocimiento la oferta formativa por parte de los centros educativos o de los servicios municipales. "Hay familias que hacen un esfuerzo por llevar a sus hijos e hijas a una academia privada después de un desengaño a la ESO cuando podrían acceder a una escuela de adultos pública", expone. Por eso, insiste Sánchez Guerrero, es necesario fomentar el acompañamiento entre etapas y defensa que "la voz de los exalumnos puede ser muy determinante" en la motivación para aprender.
En el CFA Barceloneta, la mayoría de alumnos conocen el centro por el boca a boca. "Esto quiere decir que los estudiantes hablan bien de nosotros, pero también evidencia que las escuelas de adultos no solemos aparecer en el mapa de la oferta formativa", señala Bennàssar Rosselló. Por eso, insta a las administraciones “a hacer campañas de comunicación” para difundir sus enseñanzas, un reclamo al que se suman desde el CFA Palau de Mar y el CFA Montseny.

CFA palau de Mar // Cedida
Para ir a buscar estos “no alumnos”, las maestras de la Troca invierten tiempo visitando equipamientos del entorno como otras entidades y centros de culto, y les explican su trabajo. También han desarrollado Formap, una plataforma donde han centralizado toda la oferta formativa para adultos del barrio de Sants. "Muchas personas que han pasado por la Troca han acabado haciendo un ciclo formativo después", destaca con orgullo Ester Rams de Pablo, otra de las impulsoras.
"Trabajar con personas con menos oportunidades queda a menudo más invisibilizado, pero es una gran estrategia de transformación social"
Este éxito, considera, no sólo contribuye a "levantar el nivel formativo del país", sino que "también tiene un efecto directo sobre los hijos e hijas de los alumnos, porque tendrán un modelo formativo de referencia". "Trabajar con personas con menos oportunidades queda a menudo más invisibilizado", añade Sabaté, "pero es una gran estrategia de transformación social".
Si quieres saber más:
- Lee la noticia< 0 >La Fundación Bofill reclama más recursos, reconocimiento y liderazgo político para el sector de la formación de personas adultas
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