¿Por qué es importante que haya becas para estudiar Bachillerato, Ciclos Formativos o PFI?

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05/03/2026

Las becas en la postobligatoria, es decir, para continuar estudiando un Ciclo Formativo de Grado Medio, Bachillerato o, también, un Programa de Formación e Inserción en el caso de no haber superado la ESO, son una política educativa indispensable para reducir desigualdades y asegurarse de que nadie deja de estudiar por motivos económicos.

De hecho, las barreras económicas están detrás de la mayoría del abandono escolar prematuro. Hasta el punto de que, en Cataluña, los jóvenes de familias con menos recursos abandonan sus estudios siete veces más que los de familias con más recursos.

¿Pero qué tienen las becas que hacen que sean una herramienta especialmente útil?

En primer lugar, las becas reducen los costes reales de seguir estudiando. Estudiar bachillerato o ciclos formativos comporta costes directos, como la matrícula, las tasas o los materiales necesarios del curso. También costes indirectos, como el transporte u otras actividades vinculadas a la formación. Para las familias con menos recursos estos gastos pueden ser un obstáculo decisivo. La beca contribuye a cubrir estos costes y hace viable una continuidad que, sin apoyo, podría quedar truncada por motivos estrictamente económicos.

En segundo lugar, las becas influyen en el momento más crítico de la trayectoria educativa: se conceden cuando el joven termina la ESO y debe decidir si sigue estudiando. En los hogares con dificultades económicas, esta decisión a menudo está condicionada por la necesidad de aportar ingresos o no generar más gasto. Es evidente que una beca en el estudio no elimina la situación de pobreza, pero reduce la presión económica asociada a la continuidad educativa. De esta forma, facilita que la familia y el joven apuesten por alargar la trayectoria formativa en lugar de abandonarla prematuramente.

En tercer lugar, las becas surten un efecto que va más allá del apoyo económico. También envían al joven un mensaje clave: en esta etapa su principal responsabilidad es estudiar. Este reconocimiento institucional refuerza la expectativa de que la formación es prioritaria y contribuye a centrar los esfuerzos en el rendimiento académico. Cuando el foco se mantiene en los estudios, no sólo disminuye la probabilidad de abandonar, sino que mejoran también los resultados educativos.

Estos tres mecanismos –reducción de costes, empuje en el momento decisivo y refuerzo del compromiso con el estudio– explican por qué las becas son una política efectiva. No resuelven por sí solas todas las desigualdades educativas, y requieren por ejemplo otras herramientas como la orientación, pero actúan sobre factores clave que influyen directamente en la decisión de continuar o no la formación. 

Por eso es tan preocupante que el sistema actual deje sin beca a la mitad de los jóvenes catalanes en situación de pobreza. De hecho, a diferencia de otras comunidades autónomas como Navarra, País Vasco, Madrid o Andalucía, en Cataluña la política de becas es residual y representa sólo el 1% del presupuesto de educación. Por eso la Fundación Bofill ha animado a la Generalitat de Cataluña a aprovechar el traspaso en la gestión de las becas a la postobligatoria, efectivo desde enero del 2026, para que Cataluña tenga de una vez por todas una buena política de becas, útil y que llegue a todos los jóvenes en situación de pobreza.

Los baremos con los que hasta el momento se asignan las becas en Cataluña parten de los umbrales estatales, que además de ser muy discrecionales, parten de la realidad y del coste de la vida estatal. Pero en Cataluña el coste de la vida es mayor, hasta el punto de que las familias se gastan 500€ más cada año en la educación secundaria y postobligatoria de los hijos (2.267€).

Con el sistema actual, no sólo la mitad de los jóvenes en situación de pobreza quedan fuera, sino que familias, por ejemplo, con dos adultos y dos niños y que tienen una renta anual conjunta de entre 22.000 y 29.000 euros al año, reciben 300€ al año de beca. Además existen unas barreras burocráticas que expulsan a los jóvenes del procedimiento de acceso (porque el lenguaje es complejo, por brecha digital, porque el proceso se alarga más de la cuenta y entonces entre que pides la beca y te la conceden han cambiado tus condiciones para recibirla), etc.

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