El poder de las etiquetas: el caso de los alumnos que aprenden inglés como segunda lengua en Estados Unidos

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¡INVESTIGACIÓN Y ACCIÓN! | EXPECTATIVAS DEL PROFESORADO | GIRA EL MUNDO

¿Qué efectos puede tener la clasificación del alumnado con dificultades de aprendizaje en la percepción y las expectativas del profesorado y en sus propios resultados de aprendizaje?

En este artículo, Ilana Umanksy y Hanna Dumont, desde un contexto estadounidense, explican que clasificar a los alumnos que tienen el inglés como segunda lengua (mayoritariamente procedentes de la inmigración) como “aprendices de inglés” (EL, “English learners”) tiene ventajas en la organización escolar, pero también inconvenientes. Entre estos últimos, la rebaja de expectativas del profesorado con respecto a su potencial de aprendizaje.

Las conclusiones de este artículo señalan un punto de alerta en cuanto a los posibles efectos no deseados que pueden tener determinadas maneras de clasificar las necesidades educativas específicas del alumnado, también en Cataluña.

¿Los profesores tienen percepciones académicas sesgadas de los alumnos con el inglés como segunda lengua?
Ilana Umansky, Hanna Dumont

Do teachers have biased academic perceptions of their English learner students?

(Este artículo contiene enlaces en inglés)

03/12/2019

Legisladores, educadores y ciudadanía en general a menudo denuncian las grandes diferencias que existen en los logros y los índices de éxito entre los alumnos que tienen el inglés como segunda lengua (EL, del inglés “English learner”) y los alumnos que ya son competentes en inglés. Cada vez más, la atención se va centrando no en entender en qué fallan estos estudiantes, sino en identificar qué falla en la manera en que las escuelas educan, apoyan y empoderan a estos alumnos. En estos últimos años, han salido a la luz varios estudios que documentan que el hecho de ser clasificado como alumno EL en la escuela puede tener un impacto negativo directo en los resultados de los exámenes, la graduación y el acceso a la universidad de estos alumnos. Entre las posibles explicaciones de este efecto negativo, está el hecho de que los alumnos clasificados como EL a menudo son aislados lingüísticamente junto con el resto de alumnos EL, se les asignan clases de nivel inferior, y se los agrupa en clases con profesorado sin demasiada experiencia. Todo ello puede perjudicar los resultados de los alumnos.

Nuevas evidencies sobre cómo el hecho de clasificar a los estudiantes como EL afecta a la percepción del profesorado

Otro mecanismo que potencialmente puede perjudicar a los alumnos clasificados como EL son las percepciones y las expectativas del profesorado con respecto a ellos. Una larga trayectoria de investigación ha documentado que la percepción del profesorado influye en el nivel de éxito de los alumnos, y que los profesores tienden a tener una percepción académica y unas expectativas más pobres en el caso de los grupos de alumnos marginales, como los alumnos afroamericanos y latinos, y también las chicas en el caso del itinerario de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.

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En un nuevo documento de trabajo, evaluamos si el hecho de ser clasificado como alumno EL en la escuela provocaba que el profesorado tuviera unas expectativas inferiores con respecto a estos alumnos. Pudimos aprovechar una característica única de las políticas que se aplican en este sentido, que es que los estados y los distritos utilizan todo un abanico de evaluaciones y umbrales diferentes a la hora de determinar quién debe ser clasificado como alumno EL. Como consecuencia, alumnos EL con el mismo nivel de competencia real de la lengua y con las mismas capacidades académicas reales son clasificados como EL en algunas áreas, pero en otras no. Este proceso hace que los alumnos, de forma efectiva, sean asignados o no al estatus EL de un modo casi aleatorio, en función del distrito o el estado en el que están matriculados. Esta idiosincrasia de las políticas de identificación de alumnos EL nos ha permitido comparar alumnos que han sido clasificados como EL con otros que no, pero que de hecho tienen características muy similares, y valorar el efecto causal de la identificación como alumno EL en la percepción que tiene el profesorado en cuanto al nivel de habilidades académicas. Cabe destacar que, habiendo partido de un conjunto de datos representativo de todo el país, los resultados que hemos obtenido se pueden extrapolar a escala nacional.

En concreto, nos centramos en la clasificación como alumno EL de los niños y niñas que entran en el curso de educación infantil (5-6 años). Es decir, comparamos las expectativas que tenía el profesorado para los tres años siguientes (año de educación infantil y primer y segundo año de primaria) en relación con los alumnos clasificados como EL y con los alumnos no clasificados como EL, pero con características similares a la hora de acceder a la etapa de educación infantil. Y lo hicimos de forma transversal, fijándonos en diferentes áreas de conocimiento (inglés, educación artística, matemáticas, ciencias sociales y ciencias naturales).

Constatamos que la clasificación como EL hacía que el profesorado tuviera expectativas académicas más bajas en relación con sus alumnos. Los efectos no eran demasiado considerables en la etapa infantil, pero iban en aumento a medida que los alumnos pasaban a primer y segundo año de primaria (y podían llegar a una desviación del 25% del estándar). Efectivamente, el efecto directo de la clasificación como alumno EL en la percepción del profesorado explicaba aproximadamente la mitad de la diferencia global entre la manera en que el profesor percibe las habilidades académicas de sus alumnos EL y no EL.

A continuación, investigamos si estas diferencias eran más significativas en determinados entornos. Específicamente, si pensamos en la percepción que tiene el profesorado de su alumnado clasificado como EL, es plausible que factores como el tipo de programa educativo con el que trabaja un profesor pueda moderar el impacto que la clasificación como alumno EL tiene en sus percepciones. Por ejemplo, un corpus considerable de investigación ha documentado que la instrucción bilingüe es beneficiosa para alumnos EL. Planteamos que los profesores que trabajan en entornos formativos bilingües pueden tener una conexión más fuerte con sus alumnos, o estar mejor capacitados para evaluar los conocimientos de los alumnos EL, con lo cual disminuye la probabilidad de que tengan expectativas sesgadas sobre la etiqueta EL. En consonancia con nuestra hipótesis, comprobamos que los profesores de entornos bilingües no tienen sistemáticamente percepciones distintas de sus alumnos EL respecto a sus alumnos multilingües no clasificados como EL.

Implicaciones para las políticas y para la práctica

Esta investigación se suma a otras que, cada vez más, reconocen que la clasificación como alumno EL altera tanto la manera en la que son tratados los alumnos en la escuela como el tipo de oportunidades a las que tienen acceso. Algunos de los impactos de la clasificación como alumno EL son beneficiosos y buscados (por ejemplo, la formación específica dirigida al aprendizaje del inglés), mientras que otros son perjudiciales y no intencionados (como la exclusión de los contenidos básicos). Las conclusiones de este estudio demuestran que la clasificación como alumno EL también tiene un impacto en la percepción que tiene el profesorado de su alumnado desde el punto de vista académico, algo que a su vez tiene implicaciones significativas en las políticas a implementar y en la práctica.

En primer lugar, decisiones fundamentales para los alumnos EL que dependen del criterio del profesor ―por ejemplo, la decisión sobre cuándo los alumnos tienen que abandonar la condición EL o en qué clases se los debe incluir― son susceptibles de sufrir el sesgo del profesor. Por lo tanto, este tipo de decisiones deberían tomarse a partir de criterios objetivos fijados. Una buena alternativa serían las evaluaciones estandarizadas (que evalúen con precisión las habilidades de los alumnos EL) y unas políticas claras (que sean justas y se implementen de forma estandarizada para todo el alumnado).

En segundo lugar, las intervenciones destinadas a reducir el sesgo de las percepciones del profesorado pueden ayudar a los docentes a entender mejor y a evaluar con precisión las habilidades y los activos de los alumnos EL. Se ha demostrado que la formación permanente, como por ejemplo la enfocada a incrementar tanto la capacidad de los educadores de entender el sesgo implícito como el nivel de empatía hacia los alumnos marginados hace disminuir este sesgo. Del mismo modo, hay evidencias que indican que las visitas a domicilio pueden ayudar a los maestros a desarrollar perspectivas más positivas sobre sus alumnos y sus familias.

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Por último, la expansión de los programas educativos bilingües permitiría que más alumnos estudiaran en entornos que minimizan el sesgo negativo de los docentes. Tal y como se ha indicado anteriormente, la educación bilingüe es académica y lingüísticamente beneficiosa para los alumnos EL. Los resultados de este estudio sugieren que un mecanismo que puede explicar parte de los beneficios de la educación bilingüe es que, contrariamente a lo que pasa en los entornos en los que la educación se imparte exclusivamente en inglés, los educadores de los entornos bilingües no muestran sesgo con respecto a los alumnos clasificados como EL. Así pues, la expansión de este tipo de programas ―un patrón que se está reproduciendo en muchos estados del país puede hacer que más alumnos se beneficien de entornos educativos libres de sesgo. Si bien desconocemos qué provoca que los entornos bilingües minimicen el sesgo, los resultados de investigaciones anteriores demuestran que a los alumnos EL los beneficia recibir educación por parte de docentes bilingües, y que a los alumnos de minorías vulnerabilizadas los beneficia tener un profesor de su mismo origen. Por tanto, es posible que, aparte de incrementar los programas bilingües, el hecho de contratar más profesorado bilingüe y de orígenes sociales y culturales similares a los de los alumnos EL pueda contribuir a minimizar el sesgo y mejorar las oportunidades educativas de los alumnos EL.

Este artículo pertenece al segundo boletín de “¡Investigación y acción!”: Profesorado y centros con altas expectativas. ¿Qué nos dice la investigación y cómo llevarlo a la práctica? ¡No te pierdas el resto de contenidos!

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